Arroz blanco receta enriquecida

Arroz blanco receta enriquecida

¿Cuántas veces has recurrido al arroz blanco como ese salvavidas de última hora? Confesión de bloguera: yo lo hago muy a menudo. Pero hay una línea muy fina entre un arroz blanco aburrido, de «hospital», y un arroz blanco receta enriquecida, lleno de aroma, sabor y alma.

Hoy quiero romper una lanza a favor de la cocina humilde. No necesitamos ingredientes exóticos ni técnicas de alta cocina para crear algo delicioso. Con un buen fondo de aceite, un par de básicos de la despensa y un poco de mimo, vamos a elevar este ingrediente tan sencillo a otro nivel. Verás que su grandeza reside, precisamente, en su simpleza.

plato de arroz blanco

El secreto del éxito: Un sofrito con alma y aromáticos

La base de un buen arroz blanco enriquecido no es el agua, es lo que pasa en la cazuela antes de que entre el agua. Para mí, el truco infalible que cambia por completo el juego se resume en tres elementos clave:

  • El aceite de oliva virgen extra: Un buen chorro en el fondo de la cazuela no solo evita que el arroz se pegue, sino que transporta todos los sabores y aporta grasas saludables esenciales.
  • El ajo machacado y sofrito: No lo piques demasiado fino; a mí me encanta machacarlo para que libere todos sus aceites esenciales. Al dorarse suavemente en el aceite, pierde el picor agresivo y se vuelve dulce y perfumado.
  • El laurel y la pimienta negra: El laurel aporta ese toque herbal de la cocina de la abuela, y unos granos de pimienta negra (o recién molida) le dan una dimensión picante muy sutil que despierta el paladar.

 

plato con arroz blanco, huevos fritos, platanos fritos y salsa de tomate

Arroz blanco receta enriquecida

La receta de arroz blanco que más vas a hacer. Un básico que nuestras abuelas cocinaban a la perfección.
Tiempo de preparación 20 minutos
Raciones: 2
Plato: Guarnición
Cocina: Mediterránea
Calorías: 250

Ingredientes
  

  • 1 taza de arroz bomba enjuagado
  • 2 tazas de agua o caldo caliente
  • 2 hojas de laurel
  • 2 ajos machacados con piel
  • Un poco de sal
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Pimienta negra molida opcional

Pasos a seguir
 

  1. Empezamos poniendo un buen fondito de aceite de oliva en la cazuela y añadimos dos ajos machacados
  2. Cuando los ajos estén un poco dorados añadimos un vaso de arroz previamente enjuagado calculando que esta cantidad es para tres personas como guarnición.
  3. Lo dejamos un par de minutos moviendo continuamente para nacararlo y que absorba el sabor.
  4. Luego de esto añadimos dos hojas de laurel y un poco de sal al gusto.
  5. Lo cubrimos con dos vasos de agua que es la medida justa para esta cantidad de arroz.
  6. Primero lo dejamos a fuego alto para que hierva un momento.
  7. En cuanto rompa a hervir lo tapamos y lo dejamos cocinar a fuego medio durante 15 minutos.
  8. Lo dejamos reposar tapado un par de minutos y servimos con pimienta negra molida.

Notas

💡 Tip de chef: Para potenciar el aroma del ajo sin usar más aceite, añade una tira pequeña de piel de limón al sofreírlo y retírala antes de echar el arroz; los aceites esenciales del cítrico realzarán el sabor y equilibrarán la pimienta negra sin sumar calorías.

Cómo tunear tu arroz blanco (para cuando quieras ponerte creativo)

 

Y si eres de los que disfrutan experimentando en la cocina como yo, prueba a darle una vuelta de tuerca a la receta tradicional tomando prestadas ideas de otros platos. Por ejemplo, como suelo preparar cuscús y me encanta tostarle unas almendras para darle ese contraste crujiente, muchas veces me llevo ese truco directamente al arroz blanco. Simplemente añade unas cuanteas laminadas junto con los ajos al principio y el resultado es sencillamente espectacular.

Dependiendo de la ocasión y de lo que me pida el cuerpo, me permito el capricho calórico puntual y recurro a la brown butter o mantequilla tostada. Me encanta ver como coge ese color dorado y aroma a frutos seco, es muy apetecible. Otras veces le añado un toque de pimentón ahumado de la Vera, un clásico imprescindible en mi cocina que le aporta un aroma y un color increíbles. Y si busco un toque más valiente, con ese puntito picante que a mí me apasiona, unos chili flakes por encima marcan completamente la diferencia. Es una forma sencillísima de transformar una receta básica en un plato lleno de matices y con muchísima personalidad.




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